Córdoba

La ciudad más importante de al-Ándalus ha sabido mantener su legado árabe, judío y cristiano, convirtiéndose en una de las ciudades con más encanto de España.

Córdoba es un destino con un patrimonio único que combina lo mejor del arte cristiano, musulmán y judío. Esta mezcla de culturas que sigue latente en su arquitectura, su historia y su gastronomía enamora a los miles de viajeros que se acercan cada año a conocer Córdoba.

En la capital califal es imprescindible perderse por el laberinto de calles estrechas que conforman la judería, maravillarse con la majestuosidad de la Mezquita-Catedral o disfrutar de la iluminación de los principales monumentos de Córdoba al anochecer.

Además, esta ciudad a orillas del Guadalquivir cuenta con cuatro lugares declarados Patrimonio Mundial por la Unesco: la Mezquita-Catedral (1984), el centro histórico de Córdoba (1994), el Festival de los Patios (2012) y el yacimiento arqueológico de Medina Azahara (2018).

Historia de Córdoba

Conoce la apasionante historia de Córdoba y descubre las huellas que romanos, musulmanes, judíos y cristianos han dejado en esta ciudad Patrimonio de la Humanidad.

El nombre de Córdoba significa “ciudad del río” o “ciudad de los turdetanos”, pueblo prerrománico que habitó este territorio.

Fundación de Córdoba y época romana

En el año 169 a.C., el general romano Claudio Marcelo levantó un campamento militar en una colina del Guadalquivir, dando lugar al primer asentamiento en la zona. Este pequeño núcleo poblacional pronto derivó en la fundación de la ciudad romana de Córdoba.

Poco a poco, Córdoba se extendió y prosperó como urbe hasta que en el año 45 a.C., la guerra civil desatada entre César y los hijos de Pompeyo obligó a la ciudad a posicionarse en uno de los bandos. El apoyo de Córdoba a los pompeyanos y su posterior derrota provocó una terrible represalia que acabó con la vida de 22.000 habitantes.

En poco más de veinte años, Córdoba recuperó su papel relevante en Hispania. En el año 27 a.C., el emperador Augusto nombró a Córdoba capital de la Bética, importante provincia romana en Hispania. En los años siguientes, la ciudad vivió una época de esplendor y llegó a convertirse en una de las ciudades más importantes del Imperio Romano y de Europa.

Córdoba protagonizó un auténtico renacer urbanístico. Se construyeron grandes monumentos como el foro, el circo, el teatro, el Templo Romano, una gran muralla que rodeaba toda la ciudad y el Puente Romano, que unía la ciudad con Roma a través de la vía augusta. Algunos de estos monumentos se pueden visitar en la actualidad.

Además, la ciudad vivió un renacer cultural de la mano de grandes pensadores de la época, como el filósofo Séneca o el poeta Lucano, ambos originarios de Córdoba.

A mediados del siglo VI, Córdoba pierde su capitalidad y sufre numerosas revueltas que marcan su imparable declive. En el año 572, los visigodos se asientan en Córdoba y permanecen casi dos siglos dominando la ciudad. Durante este periodo, los judíos, que habían gozado de libertad de culto con los romanos, son perseguidos y obligados a abandonar su religión.

Este hecho propició el futuro apoyo del pueblo hebreo a las tropas musulmanas que invadieron la ciudad a principios del siglo XVIII.

Invasión musulmana y Emirato de Córdoba

En el año 711, las tropas bereberes del norte de África cruzaron el estrecho de Gibraltar y comenzaron la invasión de la Península Ibérica. Tan solo siete años después, este nuevo territorio denominado al-Ándalus se convirtió en provincia dependiente del Califato Omeya.

Durante veinte años, el ejército bereber avanzó hasta ser derrotado en Tours, al noreste de Francia. Esta batalla marcó el inicio del retroceso musulmán, que propició conflictos internos entre árabes y bereberes.

En medio de este caos, el joven Abderramán I, único superviviente de la masacre de la dinastía omeya en Siria, huyó de Damasco y fundó el primer emirato omeya de Córdoba en el año 756. De esta manera, Córdoba se convirtió en la capital de al-Ándalus y se independizó políticamente del califato, aunque mantuvo sus vínculos religiosos.

En los siguientes 170 años, siete emires sucedieron a Abderramán I. En este tiempo, Córdoba vivió una importante transformación urbanística y cultural. La judería se extendió y las calles siguieron el trazado típico de la arquitectura musulmana, dando lugar a un laberinto de calles estrechas.

Además, siguiendo la idea del “jardín del paraíso”, los patios de las casas se llenaron de fuentes y flores aromáticas. Este nuevo modelo de vivienda se ha mantenido hasta nuestros días, dando lugar a los famosos patios cordobeses. También se levantaron mezquitas y baños árabes en la capital y se construyó el templo más importante de al-Ándalus: la Mezquita de Córdoba

La vida en la capital de al-Ándalus siguió su rumbo tranquilo hasta la llegada del octavo emir, Abderramán III.

Califato de Córdoba

El octavo emir de Córdoba, Abderramán III, rompió definitivamente los vínculos religiosos con el califato abasí de Bagdag en el año 929 y se autoproclamó califa de Córdoba. Bajo su mandato, la ciudad vivió una época de esplendor sin precedentes y llegó a convertirse en el principal centro cultural de Occidente.

Con casi un millón de habitantes, Córdoba simbolizó la convivencia de judíos, cristianos y musulmanes durante más de un siglo. En todo este tiempo, la ciudad califal se convirtió en el punto de encuentro de célebres científicos, filósofos, astrónomos y matemáticos. Además, se llevaron a cabo importantes obras públicas, como pavimentación de las calles, alcantarillado y alumbrado nocturno. 

Pero, sin duda, la obra más importante de la Córdoba califal fue la construcción de Medina Azahara en 936. Abderramán III trasladó el gobierno y la corte a esta ciudad palatina, desde donde gestionó el funcionamiento del califato, recibió a líderes internacionales y concilió las relaciones entre bereberes, cristianos y judíos.

Su sucesor en el trono fue Al-Hakam II, quien a su vez dejó el trono a su hijo Hisham II, de tan solo once años. La inexperiencia del joven califa propició que el chambelán Almanzor ganara protagonismo e influencia hasta concentrar todo el poder civil y militar.

Los constantes ataques de Almanzor a los reinos cristianos hicieron que estos se agruparan y protagonizaran un levantamiento que puso fin al califato de Córdoba en el año 1031. Los bereberes saquearon e incendiaron Medina Azahara y la comunidad musulmana de Córdoba se dividió en pequeños estados denominados reinos de taifas.  

Reconquista y época cristiana

Tras la disolución del califato de Córdoba, la capital quedó dividida en 39 reinos de taifas, lo que provocó que el poder político quedara descentralizado. Las tropas almorávides aprovecharon esta situación y arrasaron estos reinos, que más tarde se revelaron dando lugar a los segundos reinos de taifas.

En el siglo XII, el imperio almohade llegó a la Península Ibérica y unificó todos estos reinos. Pocos años después, los almohades fueron derrotados por los cristianos, dando lugar a los terceros reinos de taifas.

Finalmente, las tropas cristianas de Fernando III entraron en Córdoba y conquistaron todo el territorio en 1236. Aunque la ciudad mantuvo su esencia árabe, los musulmanes fueron expulsados, la medina pasó a ser villa medieval y se construyeron numerosas iglesias. La historia de Córdoba inició su etapa cristiana.

En el siglo XV, los Reyes Católicos se instalaron en Córdoba para dirigir desde allí la reconquista de Granada y la ciudad recuperó parte de su esplendor. En 1486, Isabel y Fernando recibieron al marinero genovés Cristóbal Colón en el Alcázar de los Reyes Cristianos para escuchar su innovadora ruta hacia las Indias. 

La cristianización total de Córdoba llegó en 1492, cuando los Reyes Católicos expulsaron a judíos y musulmanes de la Península Ibérica. Como consecuencia, en 1523, Carlos I autorizó construir una catedral en el interior de la Mezquita.  

En los años siguientes también se edificaron las Caballerizas Reales, la Puerta del Puente y la Plaza de la Corredera.

Córdoba tuvo un papel protagonista en 1808, cuando las tropas del general Castaños vencieron al ejército francés en la Batalla de Bailén, que supuso la primera derrota de Napoleón y el inicio de su declive.

Historia de Córdoba en el siglo XXI

Desde mediados del siglo XX, la ciudad vivió un renacimiento económico y cultural que derivó en un aumento considerable de la población.

Hoy en día, Córdoba es un importante núcleo turístico que atrae a visitantes de todo el mundo gracias a su riqueza patrimonial. La Unesco declaró Córdoba Patrimonio de la Humanidad en 1984. Recientemente, en 2018, el conjunto arqueológico de Medina Azahara ha sido declarado también Patrimonio Mundial.

Qué ver en Córdoba

Córdoba es una ciudad llena de historia y monumentos que reflejan el paso de romanos, judíos, musulmanes y cristianos. Conoce las visitas imprescindibles de Córdoba y sácale el máximo partido a tu viaje. 

Mezquita-Catedral de Córdoba

La Mezquita-Catedral de Córdoba, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984, es el monumento más visitado de la ciudad califal gracias a su histórico alminar, el Patio de los Naranjos y la sala de oración, con más de 1.300 columnas de mármol.

La Mezquita-Catedral de Córdoba es un templo clave en todo el Occidente islámico y el monumento más visitado de la ciudad califal. Con más de trece siglos de historia, este edificio que ha servido de lugar de culto para visigodos, musulmanes y cristianos, es hoy un monumento esencial para entender la historia de Córdoba.

El símbolo por excelencia de Córdoba es la mezquita, reflejo del poder del califato y del legado de al-Ándalus en la Península Ibérica. Además, es un monumento que refleja a la perfección la fusión del arte omeya con otros elementos cristianos.  

Ubicada en el casco histórico de la ciudad, a muy pocos metros del Puente Romano sobre el río Guadalquivir, la Mezquita-Catedral se ha convertido en uno de los principales lugares de interés turístico de Córdoba

Historia

La mezquita de Córdoba comenzó a construirse en el año 786, bajo el mandato del primer emir omeya de Córdoba, Abderramán I, sobre los restos de una antigua basílica visigoda. Durante los primeros años del emirato de Córdoba, los musulmanes habilitaron un espacio para que los cristianos pudieran practicar su religión pagando los debidos tributos.

Sin embargo, la difícil convivencia de las dos culturas y el aumento del número de fieles musulmanes propició su uso exclusivo como mezquita. Con el crecimiento de Córdoba durante el emirato y el califato, hicieron falta numerosas ampliaciones en los siglos IX, X y XI que han convertido este monumento en una mezcla de estilos y materiales única en el mundo.

Durante años, la mezquita de Córdoba fue la mezquita más grande del mundo. Hoy en día, el templo refleja el poder de Córdoba como enclave islámico en Occidente durante el emirato y el califato.

La mezquita de Córdoba pasó a ser catedral cristiana en 1236, tras la reconquista de la ciudad por Fernando III el Santo. A partir de ese momento, los musulmanes fueron expulsados de Córdoba y en la mezquita se construyeron capillas, altares y otros elementos cristianos.

En el siglo XVI, Carlos V autorizó construir la actual catedral cristiana en las naves de la mezquita. El resultado fue un gran edificio de planta de cruz latina “encajado” en medio del bosque de columnas de la sala de oración musulmana.

El resultado fue la Mezquita-Catedral de Córdoba, que fusiona los estilos omeya, gótico, plateresco, renacentista y barroco.

Judería de Córdoba

En pleno corazón de la ciudad se encuentra la judería, el distrito que ha sido foco de la cultura hebrea, musulmana y andalusí durante siglos y refleja la historia de Córdoba.

El distrito más antiguo de Córdoba y una de sus visitas imprescindibles es sin duda la judería. Ubicada en pleno corazón de la ciudad, el barrio judío es un laberinto de calles estrechas y empedradas donde repasar la historia de Córdoba y entender el estilo de vida de las tres culturas que coexistieron durante siglos: cristianos, judíos y musulmanes.

La judería abarca desde la Puerta de Almodóvar hasta la Mezquita-Catedral y muestra el trazado típico de las ciudades musulmanas, con calles estrechas y numerosos callejones sin salida. Visitar la judería de Córdoba es viajar al pasado y descubrir la esencia medieval de la ciudad a través de sus edificios encalados decorados con flores y macetas de colores.

Además, la judería es el mejor lugar donde comer y hacer algunas compras en las tiendas de artesanos locales. 

Historia

Los primeros asentamientos judíos en Córdoba datan de la época de los romanos. Durante el gobierno de Augusto, se comenzó a trazar una muralla para proteger la ciudad de ataques externos y la judería comenzó a cobrar forma. 

Tras la conquista de Córdoba por los musulmanes en 711, la judería se convirtió en el núcleo administrativo de la ciudad y la comunidad hebrea pasó a asentarse en la zona norte de la medina. No fue hasta el siglo X, cuando poco a poco los judíos regresaron a este distrito.

En la época medieval, judíos, cristianos y musulmanes coexistieron en la judería, que se convirtió en el núcleo más importante de Córdoba. Aquí no solo se desarrollaba la vida en la ciudad, sino que nacieron importantes filósofos de la época, como Averroes y Maimónides.

Qué ver en la judería

Este laberinto de calles empedradas en pleno corazón de la ciudad alberga numerosos atractivos que convierten a la judería en uno de los lugares con más encanto de Córdoba:

Sinagoga: Es una de las cuatro sinagogas históricas que aún quedan en España. Aunque su arquitectura está muy marcada por la influencia del arte islámico, sus paredes están llenas de inscripciones en hebreo. Junto a la sinagoga de Córdoba se encuentra la Casa de Sefarad.

Capilla mudéjar de San Bartolomé: Se trata de una pequeña capilla anexionada a la facultad de Filosofía y Letras que refleja el estilo gótico-mudéjar.

Zoco Municipal: Es uno de los patios cordobeses abiertos al público más visitado de Córdoba. Es un espacio que rebosa tradición, gracias a su cuidada decoración y a los talleres de artesanos locales que trabajan la cerámica y el cuero. Es un lugar perfecto para comprar algo típico de la ciudad.

Plaza de Maimónides: A muy pocos metros de la sinagoga se encuentra esta plaza que en su día fue lugar de encuentro de los habitantes de la judería y que hoy alberga el Museo Taurino de Córdoba.

Calleja de las Flores: Sin duda la calle más famosa de Córdoba es la Calleja de las Flores. Desde uno de sus extremos se pueden contemplar sus edificios blancos con macetas azules con la torre del campanario de la Mezquita-Catedral de fondo. Es una de las zonas más transitadas de la judería y está llena de comercios.

Calleja del Pañuelo: Se trata de una de las calles más estrechas de Córdoba, ya que su anchura mide lo mismo que un pañuelo extendido.

Casa Andalusí: Este edificio del siglo XII refleja a la perfección el estilo de vida y el modelo de vivienda de al-Ándalus. En su interior podréis ver una colección de monedas antiguas y el Museo del Papel.

Alcázar de los Reyes Cristianos

Con más de seiscientos años de historia, el Alcázar de los Reyes Cristianos es uno de los monumentos más visitados de Córdoba. Este edificio ha servido como cuartel militar, residencia real, cárcel y centro administrativo entre otras muchas otras opciones.

Historia

Tras la reconquista de Córdoba en 1236, la ciudad inició su etapa cristiana y comenzaron a construirse numerosos edificios de índole administrativo. Alfonso XI ordenó la construcción del actual Alcázar en 1329 sobre un antiguo alcázar de la época califal, que antes fue residencia del gobernador romano. Se trata, por tanto, de un monumento clave en la historia de Córdoba

El Alcázar tuvo un uso meramente militar hasta que, a finales del siglo XV, los Reyes Católicos fijaron aquí su residencia para dirigir la reconquista de Granada. El momento histórico más importante vivido en el Alcázar tuvo lugar en 1486, cuando los Reyes Católicos se reunieron con Cristóbal Colón para tratar su nueva ruta hacia las Indias. Una escultura en los jardines del Alcázar representa este momento que sentó las bases del descubrimiento de América.

A partir del siglo XVI, el Alcázar perteneció a la Inquisición hasta que, con la abolición de esta práctica, se convirtió en cárcel civil. La Galería de la Inquisición de Córdoba recoge numerosos utensilios que explican las prácticas de este capítulo oscuro de la historia.

 En 1955, el Alcázar de los Reyes Cristianos pasó a ser propiedad del Ayuntamiento de Córdoba.

Un paseo por el Alcázar

El Alcázar de los Reyes Cristianos se ubica a muy pocos metros del Guadalquivir y se asienta sobre los cimientos del antiguo alcázar musulmán que conectaba con los baños califales. El alcázar cristiano está rodeado por murallas defensivas, dado su carácter militar, y hoy en día permanecen en pie dos de sus cuatro torres originales.

El interior de este complejo palaciego alberga numerosas estancias reales con objetos históricos de gran valor. En los pasillos que comunican cada sala es posible contemplar un sarcófago del siglo III.

Cabe destacar el Salón de los Mosaicos, que alberga una importante colección de mosaicos de la época romana que fueron traídos desde su emplazamiento original en la Plaza de la Corredera.

También es reseñable el patio de estética musulmana que alberga este edificio de la época cristiana: el Patio Morisco. Su estructura y decoración recuerda al Patio de los Leones de la Alhambra de Granada, aunque el patio morisco del Alcázar se construyó cincuenta años antes.

Una de las partes más llamativas del Alcázar de los Reyes Cristianos son los baños reales de Doña Leonor, amante de Alfonso XI, que siguen el modelo de baño árabe.

Los jardines del Alcázar

Los jardines reales del Alcázar se construyeron a mediados del siglo XX sobre las antiguas Huertas del Alcázar del palacio. Se trata de una superficie de 30.000 m2 llena de fuentes, estanques y especies como palmeras, cipreses, naranjos y limoneros.

La belleza única de este lugar se suma a su importancia histórica. La reina Isabel la Católica solía pasear por los jardines del Alcázar mientras leía. Es quizás la mejor parte de visitar el Alcázar de los Reyes Cristianos.

Medina Azahara

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2018, la ciudad califal de Medina Azahara es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo y una visita imprescindible para conocer la historia de Córdoba.

A unos ocho kilómetros de Córdoba capital se encuentran el que fue el lugar más importante de Al-Ándalus: Medina Azahara. Es difícil hacerse una idea de la magnitud de esta ciudad palatina, ya que solo está excavado el 10% de su superficie original.

A pesar de todo, los restos visibles de Medina Azahara reflejan el esplendor del califato cordobés y el deseo de Abderramán III de reflejar su poder en Occidente.

Historia

Tras la instauración del califato independiente de Córdoba, el nuevo líder político y religioso Abderramán III ordenó construir en el año 936 una ciudad palatina como símbolo de poder. Siguiendo la tradición oriental, su nuevo estatus como califa exigía el levantamiento de una ciudad que reflejara su superioridad ante los enemigos y simbolizara la dignidad de su condición como monarca.

Unas diez mil personas trabajaban diariamente en la construcción de esta ciudad que, según cuenta la leyenda, debe su nombre a la favorita del califa: Azahara. Esta nueva ciudad palatina se asentó como sede principal del gobierno califal y como lugar de recepción de políticos extranjeros, principalmente llegados de los vecinos reinos cristianos.

Medina Azahara tuvo una efímera vida de apenas setenta años. Entre los años 1010 y 1013, con la guerra civil que acabó con el califato omeya, la ciudad palatina fue saqueada y destruida. Los materiales robados se reutilizaron para otras construcciones, como el Monasterio de San Jerónimo, ubicado a muy pocos metros del yacimiento arqueológico.

Un paseo por Medina Azahara

El lugar escogido por Abderramán III para levantar su ciudad fue la ladera de una montaña a los pies de Sierra Morena. Medina Azahara se divide en tres terrazas siguiendo el relieve del terreno. En los dos pisos superiores se sitúan la residencia real del califa (el Alcázar) y las sedes del gobierno. En la tercera terraza se ubica la ciudad, formada por la mezquita, las viviendas y otros edificios civiles.

Aunque los restos arqueológicos de Medina Azahara no están completos, gracias a las numerosas campañas de restauración es posible hacerse una idea de la magnitud original de la ciudad palatina. Paseando por las ruinas de Medina Azahara podréis ver los restos de la imponente muralla defensiva y de estas partes de la ciudad:

El Alcázar: Es la residencia real del califa. Es una de las zonas mejor conservadas de Medina Azahara y alberga el Salón Rico, una de las estancias con la decoración más cuidada de la ciudad y donde se celebraban las recepciones políticas.

El Jardín Alto: El jardín se dividía en cuatro zonas separadas por canales que recogían el agua de la sierra. En el centro del jardín se situaba un pabellón rodeado por cuatro albercas.

La Casa de Yafar: Se trata de la vivienda del primer ministro del califa Alhakám II. Yafar fue el encargado de construir la maqsura de la Mezquita de Córdoba, una de las partes más llamativas del templo.

Pórtico oriental: Esta imponente arquería era la entrada principal de embajadores e importantes personajes políticos a Medina Azahara.

La mezquita Aljama: sigue la estructura de otras mezquitas de Occidente islámico. La parte más llamativa de los restos del templo es el sahn o patio de abluciones.

La Casa Real: Fue la residencia privada del califa Abderramán III.

Otras partes de la ciudad que es posible diferenciar visitando Medina Azahara son las letrinas, las viviendas superiores y el patio de los pilares. En la mayoría de las estancias recuperadas de la estructura original se pueden ver los mármoles blancos y rojos con ornamentación bizantina.

Sinagoga de Córdoba

Una de las tres sinagogas anteriores al siglo XV conservadas en España es la Sinagoga de Córdoba. Este templo ubicado en plena judería refleja la importancia de esta comunidad en la historia de la ciudad y su convivencia con otras culturas.

En España solo se conservan tres sinagogas anteriores a la expulsión de los judíos en 1492: Santa María la Blanca y la Sinagoga del Tránsito, ambas en Toledo, y la Sinagoga de Córdoba. Esta última data de 1315 y se caracteriza por ser un templo judío con decoración mudéjar.

La Córdoba judía

Los judíos habitaron Córdoba desde la época romana, donde gozaban de libertad de culto. Durante la etapa musulmana, los judíos convivieron en paz con las otras culturas y acudían a la sinagoga a orar en libertad.

La sinagoga era lugar de culto y de enseñanza, donde los rabinos interpretaban las sagradas escrituras y enseñaban a los más jóvenes las directrices del judaísmo.

Tras la expulsión de los judíos de los judíos a finales del siglo XV, la mayoría de sus templos fueron destruidos, a excepción de la actual Sinagoga de Córdoba, que pasó a ejercer de hospital para hidrófobos, ermita y escuela.

Puente Romano de Córdoba

Desde su construcción en el siglo I a.C., el Puente Romano de Córdoba fue el único puente de la ciudad durante veinte siglos. Descubre la historia de este monumento histórico que ha sido escenario de Juego de Tronos.

Historia

En el siglo I a.C., los romanos construyeron el primer puente de piedra que atravesó el Guadalquivir y comunicó las dos orillas de la ciudad. Se cree que la vía Augusta que comunicaba Roma con Cádiz pasaba por el Puente Romano de Córdoba, también llamado “Puente Viejo”.

Su longitud es de 331 metros y se sostiene sobre dieciséis arcos, cuatro apuntados y el resto de medio punto. Debido a las remodelaciones que el puente ha sufrido a lo largo de la historia de Córdoba, solo quedan dos arcos originales.

En el entorno natural del Puente Viejo destacan los molinos de la época medieval, como el Molino de San Antonio o el Molino de la Albolafia, que aparece en el escudo de la ciudad.

El Puente Romano une el barrio de la Catedral con el Campo de la Verdad y está flanqueado por dos de los monumentos más icónicos de Córdoba: la Torre de la Calahorra y la Puerta del Puente. Desde 1931, es considerado Bien de Interés Cultural.

En el año 2014, el Puente Romano de Córdoba fue elegido escenario de algunas escenas de la exitosa serie televisiva Juego de Tronos.

La estatua de San Rafael

La única estatua que decora el Puente Romano de Córdoba es el Triunfo de San Rafael, realizada en 1651 como agradecimiento al arcángel tras una epidemia de peste que azotó a Córdoba. El escultor encargado del trabajo fue Bernabé del Río.

El triunfo de San Rafael aparece siempre rodeado de velas rojas que simbolizan la veneración del pueblo cordobés por esta figura que se dice que bendice a todos los viajeros que llegan o abandonan la ciudad.

PUENTE ROMANO - CATEDRAL

JARDINES DEL ALCAZAR 

MONUMENTO A LOS REYES CATOLICOS Y CRISTOBAL COLON

MEZQUITA - INTERIOR